CABALGATAS

Uno de sus abuelos, por así decir, era Abraham, padre de creyentes en las tres grandes religiones del Libro. Otro de ellos, el rey David, un tipo canijo experto en reventar cabezas de abusones y aficionado a un género a mitad de sendero entre la poesía y la canción popular que hoy quizás le hubiese dado el Nobel de Literatura. También hubo gente de la casta entre estos abuelos, por ejemplo jueces, como Salomón. Sin embargo el padre, unos dicen que biológico y otros que adoptivo, era artesano de pueblo y no debía ganar mucho, según cuenta uno de los que cuentan la historia. De la madre no se sabe tampoco que fuese doctora por el MIT. La historia es una historia quizás acerca de cómo los elegidos abandonan los lugares de privilegio, cómo se confunden con la masa sin rostro, y cómo de pronto determinados acontecimientos hacen que una luz alumbre un sentido nuevo, y es uno de entre esa masa, un don nadie, un sin nombre, un paria, es el que sostiene en sus manos esa luz. Es decir, y para no engañarnos, una historia como hay tantas, en todas las épocas y lugares, un cuento con moraleja y con una propuesta de moral. La gente cree en las historias, en unas más que en otras, en algunas más tiempo, en ellas por razones que a veces no siempre se comprenden bien; pero las historias cambian así de manos, como una luz que se traspasa al que está a tu lado. Unas hacen más fortuna que otras, y quien las oye es quien toma la decisión de convertirse a su vez en otro narrador, a veces más activo y con ganas de cuestionar algunos aspectos del relato, a veces pasivo y complaciente. Pero que quede claro; una como hay tantas. Y aun siendo una entre tantas, es la que es, y no otra.

Esa historia, la del nacimiento de Jesús, Jesús como piedra angular de una de las grandes religiones, es la que se cuenta en grandes partes del mundo en estos días. En el mundo occidental que proviene de la civilización cristiana es esa la historia que se cuenta, confundida entre el crujido de las bolsas de los regalos y el rodar de los carros de la compra. Coincide también con otras fiestas, como la Janucá judía, como ayer me recordaba un luminoso candelabro suspendido sobre el muerto centro peatonal de Torremolinos, y coincide supongo con otras muchas historias, porque las historias ordenan el tiempo, ordenar el tiempo es una obsesión humana, una tradición. Colocamos hitos en los cambios estacionales y éste de la historia del nacimiento de Jesús, el hijo pobre de una estirpe de grandes admirados hombres, es cierto que se superpone a otros, pero es ese. Es el Occidente cristiano celebrando la historia del nacimiento de Jesús, bastardo para unos, elegido para otros, el hombre que ha hecho compatibles las tarjetas de crédito y la magia, como si una tarjeta de crédito no fuese también sino un ejemplo de magia, de fe en lo inexistente, de confianza en la bondad de los otros.leonardo_da_vinci_-_adorazione_dei_magi_-_google_art_project

En un estado aconfesional pero no laico, según establece el art. 16.3 de la Constitución de 1978 y las interpretaciones al respecto del Tribunal Constitucional, un hombre con voluntad de laicidad y de absoluta neutralidad del estado respecto de las confesiones religiosas, alumno de un colegio católico, y moderadamente ateo, debe llevar a sus hijos a la cabalgata de Reyes. En la historia de que antes hablaba, la del descendiente de Abraham, David y Salomón, cuenta uno de sus relatores que unos magos venidos de Oriente llegan ante el que cree ser Rey de los Judíos, Herodes -un rey sometido a otro poder terreno, una suerte de monarquía con permiso de un Senado extranjero- y le dicen que vienen siguiendo una luz que anuncia que nace otro Rey, que rompe, este añadido es mío, la línea de sucesión. Cuando dan con él, con el niño nacido de artesano y mujer del pueblo en unas infames condiciones de salubridad para el estándar de la OMS, se postran, reconocen su condición, le hacen regalos, y se largan sin avisar a un Herodes que espera ansioso noticias que le permitan evitar el cambio de régimen, porque han sido advertidos de las intenciones malévolas de éste en sueños. Esa es la historia, y no otras. Tres magos fiados a una profecía y una luz, que creen en los sueños, que penetran en un pesebre y regalan como a un rey al hijo de unos pobres mientras la peste de la paja mojada de orines y estiércol les llena las pituitarias haciéndoles olvidar el intenso olor de la mirra. 2017 años después del acontecimiento la gente celebra todo esto con una imitación, porque la vida imita a veces los relatos sobre la vida, y porque cuando uno no ha sido testigo pero quiere ser partícipe no le queda otra que contar la historia de otros usando las palabras de otros como si fuesen las propias.

En ninguno de esos relatos de los que he hablado sobre descendientes de reyes y profetas nacidos en familias venidas a menos y magos que viajan siguiendo un sueño y una luz y un dios que se cuela en los asuntos de los hombres, en ninguno, salen Los Lunnis, Los Pitufos, Donald, Manny Manitas o las alegorías a la curiosidad científica o las banderas de un estado futuro.

En ninguno, creedme.

botticelli_adorazione_dei_magi_uffizi

Yo no sé bien cómo explicar, y como no sé hago lo que otros, miro hacia otro lado, espero que un nuevo suceso borre el anterior, qué pintan en las cabalgatas un puñado de muñecos azules o una carroza llena de cables o  matraces o sistemas de riego por goteo. Ninguno de ellos aparece en el relato de qua hablaba y que parafraseo de un tal Mateo. Si mis hijos, los que aún creen en los Reyes Magos, hijos de un hombre occidental alumno de un colegio católico y militante de esa confesión muchos años y ahora moderada pero cada vez más ateo, deciden emular con muñecos esa historia en casa, y lo hacen cada año, no ponen en esa recreación ningún skylander o ninguna nancy ni ningún click del Oeste: camellos, tres magos, un niño, y listo. Esa es la historia, el relato. Si no te gusta, pues a otra cosa. Y yo no digo que deba gustar, yo no les digo a mis hijos que les deba gustar, no los adoctrino y dejo que elijan lo que ponen y si ponen un coche de bomberos por si el pesebre se incendiase no les haré quitarlo. Pero no lo hacen, sin que nadie les diga nada ellos no lo hacen, no distorsionan la historia. Ellos creen aún, aun cuando no les queda mucho, en la capacidad mágica de la realidad que puede hacer reyes a los pobres y humildes a los hombres poderosos. Y sobre todo y también creen en los cuentos y espero que eso siga así mucho tiempo, y lo mismo que son fieles si cuentan Caperucita, son fieles si cuentan Los Reyes Magos. No es porque sean los míos, sino porque creo que cualquier niño es así, respeta la historia, si no te atienes a su conocimiento de ella te lo reprocha, y la adquiera y perpetua a base de repeticiones. Sé muy bien que el cristianismo, y el catolicismo dentro de él, son relatos, pero yo respeto los relatos. La exégesis de ciertos relatos es el problema, eso genera a veces Inquisiciones, campos de concentración o camiones arrojados contra un mercado. Pero los relatos en su esencia, estos de que hablo, no acarrean ningún mal fácilmente evitable en el peor de los casos; no hay que paliarlos a base de muñecos azules o interculturalidad o proclamas políticas: de todo ello he oído hablar estos días a tipos de los que gestionan el dinero público. Esa gente habla de usar las cabalgatas de Reyes para promulgar valores, pero yo no les he votado para eso, sino para usar mi dinero conforme al interés público, con honradez y sin adoctrinamiento dentro del marco constitucional -que además te gustará o no, pero es el que define el modo en que alcanzas legitimidad, so cargo electo-. Mis hijos, a los que su padre intenta educar en el respeto a los derechos humanos, no necesitan que un concejal les “ayude” con su “brillantez” poniendo banderas políticas o añadiendo alegorías interculturales o científicas, o muñecos de televisión: tres camellos, tres magos, a los que la tradición iconográfica histórica, que proviene del arte y no de la religión, asigna tres colores y razas distintas, y tres cofres: ya está. Si quieren celebrar, conmemorar, basta con eso. Si quieren respetar, basta con eso. Para hablarles de interculturalidad e intentar traumatizar a mis hijos con tus vacíos conceptos sobre ese concepto vacío, concejal, ya tienes todo el año y todo el presupuesto municipal que sobra de las eventuales mordidas, pero no en estas fechas. El relato es el que es, y los niños respetan los relatos mejor que los adultos.

Yo no recuerdo cuándo deje de creer en los Reyes Magos; sí sé que en algún momento dejé de creer en los acontecimientos para resignarme a los sucesos, a los puros hechos. Quizás porque dejé de creer en esos relatos, en su épica y su mítica, intenté sobrevivir contando otros de otros fingiendo que no hubiesen sido ya contados con palabras similares. A mis hijos y a los hijos de todos les sucederá algo parecido; uno deja de creer en los Magos, pero no en los cuentos. La peor ofensa que puede hacerse a un niño es contarle mal un cuento. Todo este ruido, senyeras volantes, alegorías a la curiosidad, lunnis, es contar deliberadamente mal el cuento. El argumento puede discutírseme por todos lados, sí, pero nada cambia el hecho que no está bien contar mal a sabiendas -y eso es una forma vil de plagio, de apropiación- la historia de otro; no es ético, no es moral, no es intercultural, es sencillamente falsario. El acontecimiento es tan potente en sí, más allá de las creencias propias acerca de la divinidad, el mensaje es tan demoledor sin otros aderezos -un descendiente de reyes nace entre la miseria, los poderosos reconocen la magia y el poder de la condición de un niño humilde y se postran ante él y le regalan lo que no tiene- que no necesita concejales de cultura y fiestas ni asesores aspirantes a libretistas de la Fura para mejorarlo. Algunos adultos se vuelven bobos bientencionados en el mejor de los casos cuando son representantes públicos y pretenden salvarnos en vez de gestionar, pretenden, olvidando lo que fueron, decir a un niño cómo debe contarse un cuento que el niño conoce y cuenta mucho mejor que él, tratando a un niño no como a un niño, sino como a un tonto silencioso. Tres magos, tres cofres, un niño, la capacidad del sueño para librarnos del dolor, la humildad para seguir la luz que proyecta el otro. No hay más, ni hace falta más.

A 3852

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Paseos. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a CABALGATAS

  1. Pingback: CABALGATAS | melomania y otras cosas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s