Carta a Javier Morales sobre sus OCHO CUENTOS Y MEDIO.

Ocho cuentos y medio. Javier Morales. Editorial Baile del Sol. 2014.

Yo no creo, caro Javier, que vaya a completar ningún medio cuento más a cuenta de tus “Ocho cuentos y medio”, como pides en la Nota del Autor al inicio de tu libro; no. Sabes, yo -que soy un hombre pequeño que corre por sensaciones y apenas sabe decir nada inteligente sobre sus lecturas o sus entrenamientos-, no voy a hacerlo, porque nunca lo he hecho. Cuando oigo a esa gente que a veces lee quejarse con cierto gozo de que los personajes y las historias se separen de ellos, la mayor parte de las ocasiones no entiendo de que están hablando; yo no querría todo y a todo y a todos todo el tiempo junto a mí, y nunca me pregunto a dónde van o qué harán las gentes y las historias cuando no estén conmigo, si desaparecen o si aspiran a permanecer en el aire como el salitre y como las piedras en la playa. Lo más que yo hago, Javier, es recoger a veces piedras en la playa; uno de los porqués de esa conducta es una historia que no es de esta carta, pero baste decir que recojo una piedra blanca, lo más pulida y perfecta como piedra que vea, y la guardo, la hago pesar en la mano a veces, la miro algo de lejos, y luego, un día, la tiro, me olvido de ella y la tiro o la tira alguien por mí cansado de verla por ahí, molestando. Por un algún motivo ha sido estar leyéndote y acabar pensando en esas piedras que recojo en la playa a veces. Ocho cuentos y medio, ya lo han dicho otros a los que no soy digno de atar la sandalia, es un libro honesto; iba leyendo y ese era el sustantivo que tenía en la cabeza, honestidad, y quizás por eso me acordé de esas piedras. Me gusta que me coja la historia en medio, y no saber de dónde ni hacia dónde sino sólo eso: creo que eso es un cuento, ese estar en medio de la nada e improvisar la obra, y creo que los cuentos, como la vida, no tienen un final sino que sufren un apagón, y esa oscuridad, incluso esa elipsis, la desnudez, son el cuento y son la vida. Pero como no me importa nada de lo que suceda antes sino sólo ese momento de deslumbramiento, de cierta epifanía de barrio, ni en tus cuentos ni en los de nadie, yo no hago nunca por continuarlos, no quiero saber nada de a dónde van las gentes a los que les han tomado la casa. Por eso, amigo mío,no puedo hacer nada por ese medio cuento: no sé hacerlo, ni quiero hacerlo. Sólo puedo darte las gracias por haber escrito ese libro y haber hecho que lo hiciese pesar en las manos, y pedirte disculpas por si en mi ejemplar tacho lo de “y medio”, y lo dejo en “Ocho cuentos”, nada menos, tan salingeriano pero uno menos en Canarias, y vuelvo a como hago siempre dejar la cosas importantes sin hacer.

Un abrazo grande

Felipe R. Navarro

P.S. ¿Sabes si al corrector de la editorial le quedan muchos más días de vacaciones acumulados?

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