Luces

 

Ayer se hizo prensa algo el enésimo ejercicio lamentable de política cultural: la posibilidad de que cierre la Librería Luces, en Málaga. Esto pudiere parecer una cuestión mercantil, un negocio que va mal, pero no lo es, no puede ser interpretado sólo de ese modo.

La Librería Luces, para quien no sea de Málaga, está en la Alameda, que junto a calle Larios son quizás los principales ejes del centro. De hecho en una primera fase se llamó Librería Alameda, aún tengo algún marca páginas de entonces. Es la librería que más frecuento desde que abrió, porque conozco y tengo afecto a Pilar y Jose desde antes que la montasen -antes frecuentaba más Rayuela, por ejemplo, y antes que Rayuela, Proteo, y antes la Ibérica en calle Nueva-. Se desviven por ella y se desviven por la gente que trabaja con ellos, esto es, se comportan como libreros, como todos los que he conocido.

El metro en Málaga, desde que a algún iluminado se le ocurrió que era una buena solución de tráfico para Málaga -esa gente del Area de Movilidad que viaja en coches oficiales…-, va arruinando las zonas por las que pasará; Carretera de Cádiz, Perchel, etc. Los negocios no pueden soportar vallas y pasarelas y polvo y ruido y casi imposibilidad de acceso durante dos o tres años, y cierran. En su lugar, después, chinos y franquicias. Ahora la obra ha llegado a la Alameda, y las ventas de Luces habrán caído alrededor de un 30 o 40 por ciento, que es la media que suelen caer en esos casos, y que los hace insostenibles. Si uno no puede llegar al negocio, si ni siquiera lo ve, y si dentro hay ruido y polvo, va a otro sitio. No es la venta por internet lo que cierra una librería o el libro electrónico, es el metro, sus metáforas.

Mi amigo Rafael Arboledas comentaba en su muro de Facebook el tema del posible cierre de Luces y hablaba de compensaciones económicas y ausencia de previsión, y yo estoy, claro, de acuerdo. Si una obra pública fastidia a un particular, la norma compensa -lo prevé al menos-. En este caso además el metro acaba siendo explotado por un privado en la práctica, lo que hace la herida aún más sangrante e infectada. Si algunas cosas no se prevén es que no se estudian ni valoran, y si no se hace es porque no interesa hacerlo, y ello vale para una tienda de ultramarinos o para una librería. Pero en el caso de la librería, un cierre puede aludir también a la nula estima política a la cultura, la ausencia de interés, de proyectos, de planificación. El problema suele ser común en todos los lugares, pero yo hablo del que conozco, e invito a que los demás hablen de lo que ellos ven. Málaga se ha llenado de museos franquicia llenos de cruceristas; obviamente eso lo aprovechamos los que vivimos en la provincia, pero el hecho bruto es aquel. O el Ayuntamiento oculta una operación especulativa creando un seudo barrio cultural alternativo donde se regula lo alternativo hasta el punto absurdo que comentaba Antonio Javier López en un magnífico artículo en Sur: sancionar al grafitero que no pinta en el lugar oficial y siguiendo el reglamento y conducto e intermediario . Y ahora la Librería Luces, como antes Libritos, camino al cierre. Veamos qué hacen las instituciones locales por los libros. No hay Instituto Municipal del Libro porque el gasto era superfluo, decía Ciudadanos, pero no veo yo dónde ha ido ese dinero del ahorro. Pero lo que más me ha llamado la atención pensando en esto ha sido darme cuenta de que yo jamás he visto a un concejal en una librería, nunca que recuerde a un político de cualquier administración o signo. Desde que en 1982 me compré mi primer libro yo solo en la librería Ibérica, ya cerrada hace años: jamás los he visto. Los he visto en bares en esas horas de la madrugada en las cuales puede pasar cualquier cosa -el último, uno de los responsables del PSOE que más sale en la tele, la noche que presentamos Hombres Felices en Madrid-; los he visto con los pies sobre la mesa, un puro y una copa enorme de gin-tonic -adiviné la combinación porque tenía dentro una ensalada- en las horas de la tarde que siguen a la sobremesa y te llevan hasta las horas esas en que todo puede pasar pero no debe contarse; los he visto en la sala VIP de Barajas, leyendo prensa económica, esa religión; los he visto en palcos de campos de fútbol -pero no en las gradas de preferencia o fondo ni en los partidos de juveniles-; los he visto recién planchados en las calles semanasanteadas de Málaga; los he visto en las inauguraciones de las exposiciones -pero nunca dentro de ellas o nunca un martes por la mañana cuando apenas hay nadie, disfrutando en silencio-; los he visto haciéndose fotos con Antonio Banderas, y tómese Antonio Banderas como símil o paradigma -quiero decir, también los he visto con las Campos-; los he visto con cualquiera que salga en una pantalla por algo que no sea escribir o investigar o entrenar -pero sí cuando premian a esos que investigan o escriben o entrenan-; los he visto en muchos sitios -pero no el mercadona, no en el mercado o la plaza o la tienda de la esquina o la panadería-. Pero nunca, nunca desde 1982, y yo he ido a cualquier hora y cualquier día a las librerías de cualquier ciudad en la que esté, he visto a un político en una librería. He visto al alcalde De la Torre en la Fiesta de los Verdiales, pero no en Rayuela; he visto a la alcaldesa Villalobos en una fiesta de la COPE, pero no en Proteo; he visto al Presidente de la Diputación con el puro y el gin-tonic en un bar, pero nunca en Luces; es más, he visto en “actos” a todos los rectores de la Universidad de Málaga, pero nunca en Áncora o QProquo o Agapea, ni siquiera en las librerías de los museos franquicia.

¿Los políticos no compran libros? ¿Existe una política editorial de regalo de novedades que desconozco y que es anterior a internet y por eso desde aquella tarde remota en que mi padre me llevó a la Ibérica y me dio el dinero para que yo cogiese y pagase mi libro yo jamás he visto a un político local comprando un libro? ¿Es sólo la mala suerte el origen de estas preguntas? ¿Les cierran a los políticos las librerías para que compren tranquilos del mismo modo que dicen que hacen con las tiendas en Marbella para las mujeres múltiples de los ignominiosos príncipes del petróleo? Si no compran, ¿leen? ¿Si no leen, en manos de qué peligrosos idiotas estamos -sí, esta pregunta es absurda y capciosa-?

A mí me encanta El Planeta de los Simios. Pues bien, ahora mismo me siento como Charlton Heston hundiendo las manos en la arena – más bien en los montones de libros que me he traído de Luces, los penúltimos anteayer, los últimos hace de un rato- y maldiciendo a los que nos llevan hacia todo esto. A poco que se tire de memoria y reflexión -por favor, leed los programas políticos de todos en sus referencias a la cultura, ahora que dicen que tenéis de nuevo que votar- la verdad es que lo único no penado por el Código Penal que se le ocurre a uno es maldecir.

Luces_fachada

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2 respuestas a Luces

  1. abel dijo:

    magnífica denuncia!! necesaria y oportuna.

  2. cain dijo:

    Alabo la denuncia que formula, pero esta ciudad es asi de merdellona y de acultural.

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