Sobre la honestidad de ir andando a Sol

(Esta entrada fue redactada el 24 de marzo, que fue chestertonianamente Jueves Santo)

Me he levantado sin ganas de salir a correr pero al final sí me he ido, y ha pasado lo que presumía, que ha sido una mierda, que me he parado un par de veces, que me dolía donde siempre y donde no antes. Yo sabía antes de irme que iría así porque no llevaba la cabeza en su sitio, porque las rodillas están aliadas contra mí desde hace unos meses, y porque ayer comí muy mal todo el día, y de hecho ni con un plátano y un gel y un tableta he conseguido esta mañana tirar en condiciones y no sentir vacías las piernas. Esto es, después de varios días en que sí había vuelto a disfrutar lo de hoy ha sido menor, triste. ¿Qué hace uno cuando sale un día así? Pues nada, se fastidia y ya está. Piensa que tal vez mañana irá mejor -más bien pasado- y en mi caso no lo considero ni entrenamiento.

Cuento esto a cuenta de la entrevista que antes de salir, cuando ni el sol se había decidido por sus planes del jueves, le he leído a Alberto Olmos en El Cultural. Antes de escribir esta frase había escrito otra sobre mi consideración previa sobre Alberto Olmos y sus personajes, sus al menos dos personajes, pero la he borrado. Intentaré ceñirme a los datos puros. Alberto Olmos ha escrito siete novelas, las últimas dos publicadas en Random House. Se inventó un día un personaje, Juan Mal-Herido, con el que mantiene un blog cuyo razón de ser principal es una crítica en general bastante destructiva con la excusa de un humor cuestionable por su grosería gratuita -obviamente los adjetivos son míos y no son datos puros-. Cobra por acceder a ese blog y de ahí ha salido un libro recopilatorio. Y también más cosas, entre ellas, dos libros más de narrativa internetera. Quiero decir, Alberto Olmos es escritor y presumiblemente vive de su escritura porque está situado en grupos editoriales de los que se presume que suelen pagar y realiza actividades de pago relacionadas con la escritura, como sus blogs, asesoría literaria, escritura de prensa, etc.

Alberto Olmos a través de sus personajes, en los que le incluyo a él pues uno es sus máscaras, ha hablado antes y en diversas ocasiones del cuento como género menor y en un tono, en mi opinión, despreciativo y falto de conocimiento. Ahora acaba de publicar un libro de cuentos, Guardar las formas, también en Random House. Ese libro da para que le hagan una entrevista en El Cultural, cosa que no hacen con todos los escritores que publican un libro de cuentos, y ello supongo que tiene que ver con su condición de “escritor” conocido. El titular es visible, “Es muy fácil escribir tres cuentos e ir por ahí diciendo que eres escritor” y no resulta a secas objetable. Es muy fácil hacer tres caños a tus colegas en el partidillo de los jueves e ir por ahí diciendo que eres futbolista. Es muy fácil correr un par de maratones y varias decenas de medias e ir por ahí diciendo que eres atleta. Como decía, poco objetable.

Pero voy a la entrevista, que ha hecho que me pusiese de mala uva, con citas literales, que entrecomillo. “Alberto Olmos (Segovia, 1975) escribió su novela más ambiciosa, Alabanza, y después se bloqueó. Me di cuenta de que lo siguiente que escribiría sería menor, y eso me parecía triste, dice. Un día se topó en internet con la convocatoria del Premio Ribera de Duero de narrativa breve, que organiza Páginas de Espuma; quedaban seis meses para el fallo. Se propuso escribir un cuento cada dos semanas, y presentarse. Además, añade Olmos, le daba “morbo” ensayar un género del que ha despotricado en varios artículos (tiene un post entero explicando por qué le parece menor). A mí esto me estimula; al haber hablado mal de algo, siento la obligación de escribir algo genial. Guardar las formas quedó finalista -con otro título- del premio Ribera del Duero que ganó Samanta Schweblin. Ahora, tras un proceso de revisión, llega a las librerías editado por Literatura Random House.”

Bueno, primeras dudas que me asaltan y primeras preguntas que me hago -anticipo que es un recurso retórico, me sé la mayoría de las respuestas-. Parece que es al saber que lo siguiente que escribiría sería algo menor cuando Olmos se decide por los cuentos, un género menor. Pero dice después que ante eso se siente en la obligación de escribir algo genial. Luego es finalista del Ribera -esto es, el libro de Samanta debía ser más genial que el suyo-. Después lo revisa, y ahora lo publica. ¿Su libro es genial, o es menor, o es triste? ¿Es meramente alimenticio? Según dice la nota final está escrito entre junio de 2014 y agosto de 2015, y se ha publicado en febrero de 2016. ¿Random House publica libros menores y tristes a sabiendas, o sólo los geniales que le llegan? ¿Cuando le llega un libro de cuentos a Random, sea menor, genial o triste, sea de quiene sea, lo publican siempre, y sólo tardan en publicarlo seis meses?

Sigo con la entrevista. “Pregunta.-Entonces… ¿el relato es un género menor?
Respuesta.-Como género quizá no, pero sí es una práctica menor. Hay libros fantásticos de cuentos, como los de Eloy Tizón. Pero en la mayoría de los casos el cuento es una cosa mediocre; es muy fácil escribir tres cuentos e ir por ahí diciendo que eres escritor. Con esto no quiero decir que escribir, no sé, La calle de los mendigos, de Mario Levrero, que es un cuento genial, sea fácil. Pero en general lo es. Una novela de doscientas páginas es un filtro impresionante que deja atrás a muchos escritores malos. Porque a la novela hay que llegar. Es tan evidente que el cuento es más fácil que cuesta explicarlo en este mundo tan intelectualizado en el que vivimos. Escribir un cuento es más sencillo simplemente porque es más corto. Es más fácil ir andando a Sol que ir andando a Barcelona, ¿no? Aunque haya gente que andando de aquí a Sol tenga mucho arte. La confirmación es que hay muchos más cuentistas, y muchos más poetas -sobre todo poetas- que no son más que vendedores de humo, gente que hace pasar por escritura seria lo que se escribe en una tarde.”

Regreso a mis preguntas. ¿Quizás no es género menor el relato, pero sí lo es su práctica? ¿Es menor entonces o no es menor? ¿Es menor según el autor, es decir, igual que las novelas o los poemas o el teatro o los ensayos literarios o la crítica? En esto, ¿no se parece por ejemplo a la escritura de novelas de doscientas páginas cuando es resultado de la práctica sesuda de un escritor menor? La verdad es que me da pereza citar a Borges como autor de cuentos sin novela -es muy fácil escribir tres cuentos como Borges e ir diciendo por ahí que eres Borges-. Llego ahora a la parte de “pasar por escritura seria lo que se escribe en una tarde”, que es lo que rechaza Olmos. Regreso para ello a la cita literal, lo que dicen que ha hecho para escribir su libro: “Se propuso escribir un cuento cada dos semanas, y presentarse”. ¿Escribir un cuento cada dos semanas es hacerlo en ese día que se cumplen las dos semanas, o le lleva dos semanas iniciar y acabar, y vuelta a empezar? ¿Si se hace dos semanas ya es escritura seria pero si sólo es una tarde no? Bueno, pues dejemos lo de las horas de trabajo. Ahora vamos a cómo escribió esos cuentos: ahí van un par clases magistrales sobre técnica narrativa:

“Quería que los cuentos fueran muy experimentales. Al principio pensé en cosas radicalísimas, como un cuento hecho solo con fotos. Creo que esto en el cuento se puede hacer: no es una gran pérdida ni para el escritor ni para el editor ni para el lector si un cuento de cinco o seis páginas no es legible. Pero esa radicalidad la perdí a medida que me fui dando cuenta de que funcionaban los relatos un poquito más humanos. Estoy contento porque todos los relatos son distintos.”

Bien, un cuento hecho sólo con fotos no es radicalísimo, porque se llama fotonovela o algo así, porque ya Cortázar -la cita no es gratuita- lo hizo más o menos. Y efectivamente un cuento ilegible no es una gran pérdida ni para editor ni para lector ni para escritor. Pero hombre, no lo es tampoco una novela ilegible, más allá de tiempo de unos y dineros de otro. Una gran pérdida es otra cosa, claro, no esto. Y los cuentos radicalísimos son una pretensión casi que ya clásica, casi que decimonónica.

Bueno, segunda clase de escritura de cuento: “P.- ¿Evitó conscientemente cualquier acercamiento a las consabidas tradiciones del cuento, la realista, la fantástica..?
R.-Creo que mis cuentos no se parecen ni a los de Cortázar ni a los de Carver, si es a lo que se refiere. La mayoría de mis cuentos han seguido una técnica muy simple. Parto siempre de una idea sencilla que me estimula: un hombre quema todas sus cosas antes de morir, por ejemplo, o un hombre se queda encerrado en una casa. Después me imagino el personaje: un inmigrante, un jubilado, una mujer o un hombre (por cierto, hubo un momento en que pensé que estaba escribiendo una especie de catálogo progre: el emigrante, el enfermo de cáncer… aunque sí que había un esfuerzo consciente por evitar el personaje de escritor segoviano de cuarenta años). Y luego elijo cómo lo cuento, y la voz del narrador.”

Si decidió evitar a Cortazar ya veo porque desechó esa idea genial de los cuentos hechos con fotografías. O quizás no, quizás es que no supo hacerlo, o no supo en una tarde, o en dos semanas, y tuvo que abandonar el empeño. Sobre el resto, para hacer una tesis tampoco es la cosa, no da para taller eso. Porque en general, y usando algo que dice antes, en un ejemplo más de obviedades, ¿no es esa técnica muy simple la que suele usarse al narrar, sea cuento o novela? Olmos dice que elude al escritor segoviano de 40 años como personaje, pero leyendo solapas y recordando algunas entrevistas yo diría que no conjuró ese riesgo en su novela anterior, Alabanza: un escritor en crisis va a su pueblo, se encuentra con una tía, se ponen a charlar, y además hay que resolver un misterio que pasaba por ahí. Si lo cuento así suena a chufla -suena un tanto a Olmos cuando es Mal-herido- pero, ¿acaso la literatura no son ideas reconocibles, simples, narradas de un modo determinado que es el que nos atrae, no es eso Cervantes, no lo es Kafka? Pues puede que sí, porque dice Olmos: “Así que lo de la técnica no sé si es importante. Es importante la forma. La gente cree que Cervantes o Kafka son geniales porque uno se inventó a un personaje que enloqueció por leer libros de caballería y el otro a uno que se despertaba convertido en una cucaracha. Y son dos estupideces que se podría inventar un niño de cinco años. No. Las obras de Cervantes y de Kafka son geniales por cómo están escritas.”

Después Olmos habla de su faceta de crítico, esa que asume en un ochenta por ciento Mal-Herido.
“P.-¿Cree que ha perjudicado su imagen en Internet -su labor de crítico en Malherido- a la recepción de sus libros?
R.-Sí, claro. Yo soy de los pocos críticos honrados que hay en España. Todo el mundo sabe que estoy loco, que me meto con Muñoz Molina y con gente así. A la gente le parece una locura porque todo el mundo está haciendo la pelota a todo el mundo todo el tiempo. Nadie se mete nunca con Muñoz Molina, ni con Vila-Matas, ni con ningún periodista cultural con poder, ni con ningún crítico. Y luego, eso sí, son todos de izquierda radical y dicen que hay que oponerse al poder. Pero oponerse al poder, amigos míos, no es meterse con Rajoy, eso es facilísimo. Es meterse con gente que tiene poder en tu mundo. Hay una hipocresía tremenda en el mundo editorial. Uno presenta un libro, después lo reseña y lo pone por las nubes y mientras tanto, en privado, dice que es malísimo. Es delirante que la gente se ponga pensar de qué libros conviene hablar bien o mal en función del sello, o del poder que pueda tener el autor. Volviendo a su pregunta, lo que me pone histérico es que digan que yo esto, lo del blog y demás, lo he hecho por promocionarme. Que no vean que detrás de Malherido lo que hay es pasión por leer y por escribir reseñas.”

Personalmente que uno se autocalifique de honrado ya suele parecerme signo sospechoso. Decir de uno que es uno de los pocos honrados tras decir que sabía que lo siguiente que escribiría sería menor y triste y por eso escribe un libro menor y triste -estoy siguiendo su razonamiento paso a paso- que publica entiendo que pese a saberlo y lo hace en tiempo récord en la editorial en que suele aparecer, ¿todo eso es evidencia de honradez? ¿Lo honrado no sería dejar en el cajón lo que sabemos que es menor y falto de calidad y más si lo hacemos en un género que despreciamos? ¿Es honrado ir contra el poder de las editoriales publicando en Random por tercera vez? ¿Si uno crea un personaje con el que agrede a otros y sólo revela su identidad una vez alcanzada cierta popularidad y construido el contexto para que sea contemplado como divertimento grueso -algo así como Oye, no te enfades, que soy yo, que era broma lo de la guantá, que soy buen chaval-, eso es honrado? ¿No es pura promoción? Insisto en la primera idea, que parte de un lugar al que ignoro cómo ha llegado Olmos, esa convicción suya de que lo que haga a continuación será mediocre: ¿si lo es, por qué lo publica? Claro, puede que yo interprete erróneamente todo esto, que su libro de cuentos sea genial, que partiendo de aquella idea la práctica del cuento alejada de las escuelas predominantes le haya llevado a la fundación digamos de la iglesia olmosiana del cuento. Y cabe hasta otra posibilidad, claro: que Olmos sea un crítico honrado, uno de los pocos, porque se mete con los poderosos -pero cuando ya tiene las habichuelas aseguradas, por cierto, y como si eso no fuese casi un lugar común del sistema que critica, el tipo que hace el papel de bufón o mosca cojonera-, pero que sin embargo sea un escritor poco honrado, y por eso publica un libro de cuentos que desprecia, género y libro, y que le cuela a su editorial, digamos, y que le cuela a los lectores. ¿Uno puede ser crítico honrado y escritor sinvergüenza?

Dejemos claro que yo no he leído ninguna de las novelas de Olmos porque se me caían de las manos en la librería, que he leído su Mal-Herido a ratos, cuando era gratis, y las más de las veces me parecía un ejercicio rechazable, y que sí he comprado su libro de cuentos sin siquiera mirarlo en la mesa de novedades, fiado en que había sido finalista del Ribera. Dejemos claro que no lo he leído completo, y que lo que ya he leído no me ha producido ninguna iluminación, pero no es el momento de desmontarlo completo ahora, porque ahora toca otra cosa Cuando he leído la entrevista me ha parecido un ejercicio deshonesto, que puedo entender ya que el hombre está defendiendo su pan, supongo que su contrato editorial, y protegiéndose de las críticas anticipándose a ellas: si dicen que es genial me dan la razón, si dicen que es malo no me afecta porque ya dije que iba a hacer algo menor en un género menor o en una práctica menor, total, no he dedicado más de dos semanas a cada texto. Es él el que habla de honradez, que me parece una cualidad necesaria y exigible en la polis a todos los que la habitan, pero creo que con lo que dice y parece haber hecho no está desde luego a la altura del concepto. Y eso ha sido eso lo que me ha puesto de mala leche y ha hecho que me fuese a correr, intentando no escribir esto -que sabía que acabaría escribiendo, como se me meta algo en la cabeza…-, porque uno no tiene necesidad de perder el tiempo así, con la de cosas por hacer que tengo. Y porque además puede leerse como el enfado de la mosca con el elefante, como un relato de impotencia con elipsis. En ese sentido quiero dejar claro que yo también creo que lo siguiente que yo haga será más mediocre -ya presumo que es mediocre lo que hago, que siempre es muy mejorable-, y que por eso quizás no lo haga: por honradez intelectual. Y si lo hiciese, si escribiese algo y estuviese convencido de que es menor y triste, aún menos haría por colarlo por pasta, porque me gano la vida con otras cosas. Pero veo que un tipo desprecia el trabajo honesto de mucha gente que mataría no sólo porque su libro saliese en Random sino quizás sólo por una respuesta de rechazo en menos de seis meses, y me pongo de mala leche, y me pongo las zapatillas mixtas, y salgo a reventar. Voy y salgo y digo que soy un sinvergüenza y me quedo tan pancho porque me lo llevo calentito: a eso me ha sonado la entrevista en El Cultural con Olmos. Y estoy seguro, no lo conozco, que Alberto Olmos es un tipo estupendo con un personaje o varios muy sólidos y rentables, y que uno se gane bien la vida no es criticable, pero sí me parece criticable que restriegue el filete por la cara de los hambrientos, porque eso no es honrado ni es estético y por tanto revela una ideología rechazable.

En alguna entrevista anterior he leído a Olmos criticar el arte moderno por estafa -como veis, vuelvo a gobernarme a lo sofía mazagatos: no había leído a Olmos pero le sigo mucho-, y por eso he contado al principio de este largo y prescindible texto, menor, triste, lo de que había salido a correr y que la cosa había ido mal. A eso de los 45 minutos he parado y he vomitado, iba por un arcén y me he agarrado al quitamiedos y he vomitado. Luego me he repuesto y he seguido corriendo. Volvía corriendo con las piernas vacías y me he acordado de esa gente que envasa su mierda y la expone en la Tate y le saca un dinero fresco al asunto, pero saben eso, que es mierda en lata, y he pensado en la entrevista de Olmos, en lo de la honradez y el género menor y la convicción de estar haciendo algo menor y en su flamante libro de cuentos publicado en uno de los mayores grupos editoriales del mundo, y he pensado en la idea de envasar vómito y colocarlo en la Tate, y me ha parecido estar pensando exactamente en lo mismo.

El enlace a la entrevista a Alberto Olmos:

http://www.elcultural.com/noticias/letras/Alberto-Olmos-Es-muy-facil-escribir-tres-cuentos-e-ir-por-ahi-diciendo-que-eres-escritor/9075

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4 respuestas a Sobre la honestidad de ir andando a Sol

  1. Javier Sáez de Ibarra dijo:

    Excelente el artículo.
    Sólo quería comentar algo sobre el desprecio de Olmos por el contenido de la obra literaria (lugar común entre escritores). Estoy de acuerdo con él en que inventar argumentos de cuentos es fácil. Yo podría dar veinte o treinta ideas en menos de cinco minutos. La cuestión no es esa. Luego dice que la creación de personajes como Don Quijote o Gregorio Samsa son estupideces de un niño de cinco años. Más discutible, creo (es fácil decirlo, una vez que otro lo ha inventado). Pero la cuestión no es esa. La cuestión no es producir textos (en cuya lógica Olmos tendría razón: a más inversión de tiempo en la producción, más valor), la cuestión es su significación (y entonces un texto es valioso por su poder de sugerencia: y ahí da igual el tamaño y el tiempo invertido: se trate de un poema, un cuento o una novela corta). Una novela de 500 páginas puede ser prescindible por banal, consabida, retórica; y, en cambio, los pocos versos de “Fuga de la muerte” pueden ser inolvidables.
    Lo triste del razonamiento de Olmos es su concepto de libro de cuentos como ramillete de ocurrencias o de experimentos (eso sí, algo más humanos porque funcionan mejor). Lo penoso es el concepto de creación que late ahí; pues lo equipara a la fabricación de objetos o, en el mejor de los casos, a la artesanía. Y en esto coincide con el sistema de producción y de consumo culturales en que vivimos: tantos libros publicados, tantos ejemplares vendidos, tanto dinero gastado. Cuando el arte literario es otra cosa: es la llamada a crear las visiones significativas personales -que se vuelven comunes en la comunicación- que aspiramos a encontrar. Eso sí es lo difícil, eso es lo necesario: la obra de arte.

  2. Pingback: Obviedades que no son un cuento

  3. Nacho dijo:

    Los que llevamos años en internet conocemos perfectamente a Alberto Olmos y sus técnicas de merchandising. Este tipo de declaraciones tipo enfat terrible son sello de la casa, pero debajo de ellas solo hay pólvora mojada (como eso de escribir un libro de relatos porque ha hablado tantas veces mal de ellos siempre… ¿es consistente o soy yo el único que lo ve una estupidez?). Pero caso, lo que se dice caso, la verdad es que hay que hacerle poco. Yo sí he tratado de leer dos de sus novelas y si sus relatos son la versión resumida de aquello, creo que me voy a abstener. Hay algo que no mencionas en tu artículo y que a mí me ha extrañado mucho, porque dicho así casi parece normal. Y es el hecho de que viera las bases del premio Rivera del Duero y se pusiera a escribir un libro para el certamen. Sin acritud… hay que ser capullo. ¿Hay algún escritor serio que escribiera un relato cada dos semanas para un concurso? Es terrible la idea que tiene este elemento del género y sobre todo, y esto es lo más preocupante, el daño que hace a los autores de relato de verdad. Es decir, que los lectores crean que un libro de relatos es lo que hace Olmos = grupo de ocurrencias + ramillete de experimentos. En fin.

  4. Javier Couto dijo:

    Muy bueno, Felipe. La nota y tu blog.

    Además de un ejercicio deshonesto ¿no es triste, en definitiva, obligarse a escribir cuentos como quien toma una sopa tibia?

    Por lo demás me llama la atención su acercamiento al cuento como si estuviese jugando al lego: idea sencilla, personaje, voz, etc.; incapaz de pensarlo como una entidad viva. Me llama la atención de un finalista del Ribera, aunque no sé qué porcentaje atribuye el premio a calidad literaria y potencial comercial.

    ¿Has leído el libro de cuentos al final? Me intriga mucho saber qué te pareció.

    Un saludo,

    Javier

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