El maestro Gassama

 

Voy saliendo de los juzgados; vengo de ejercer el desamor en nombre de la civilización, haciendo compatibles a mis adorados Onetti y Pérez Estrada, y entonces se acerca un tipo a darme algo. Es negro y tiene aspecto de fondista y me sonríe, y le cojo la publicidad porque yo respeto mucho el trabajo de los otros -salvo el de los abogados- sobre todo cuando se hace a la intemperie y en dependencia de la amabilidad de los demás -¿todos los trabajos no son así, a la intemperie?-, y también porque cualquier papel con letras me intriga. Se extingue el sol tras las nubes que llegan y leo, Maestro Gassama, Gran espiritualista africano, y me acuerdo de un cuento de Miguel Angel Muñoz escrito sobre una de esas notas, y sigo leyendo, estoy a la salida de los juzgados, animales que se desperezan lentos hasta en momentos de máxima exigencia de rapidez, animales imprevisibles, y leo: Soluciona todo tipo de problemas. Rapidez, Eficacia y Garantía 100%, y me digo, Qué tío el Gassama, 100%, y yo no soy capaz de ir más allá del 50% en los más prudentes casos. Pero Gassama cuenta con ventaja: Vidente. Médium. Campo de Magia Africana -el tío que reparte la publicidad corriendo por mitad de ese campo, la sombra gris lejano de las montañas que cercan la planicie, un fartlek salvaje, un 45´+35-1-1 en un terreno de toboganes, y yo tras él- Experiencia Nacional e Internacional. Gassama viaja, ha llegado de África por el camino más largo, dice Gassama: Te ayudo a resolver problemas de Amor. Recupera pareja, Amarras -¿se dedica a temas marítimos?-, Unión Rápida, Fuerte Atracción, Separación -lo que vale para unir para desunir debe valer también: aquí el tipo me está tocando los huevos, si se dedica a lo mismo que yo con una efectividad del 100%-, Resolver Problemas Familiares y Mejorar tus Negocios -los Negocios de La Familia, pienso- Levantar tu Empresa. Recuperar Dinero Perdido -¿diez euros que se me cayeron al salir de Supersol con mi hijo hace un par de semanas, eso también, hará que quien los encontró los deje con una nota en la caja, Estos diez euros se le cayeron a un tipo con un cortavientos azul que iba hablando con su hijo de las Tortugas Ninja, ¿podrían devolvérselos?-. Impotencia Sexual -sin comentarios- Quitar Brujería de Magia Negra -no trabaja con la Blanca, al parecer- y Mal de ojo -¿la vista cansada es mal de ojo, podrías hacer, Gassama, Maestro de las altiplanicies, que yo volviese a leer como antes, noches enteras bajo una luz minúscula iluminando la vida contada de otros para iluminar la mía, podrías hacerlo, Gassama, maldito farsante oftalmológico? Cuánto echo eso de menos, esas noches de lectura sin fin-, Limpieza -eso siempre viene bien- y Amuleto de la Suerte, etc…….. -no he omitido ningún punto suspensivo-. Cualquier caso por difícil que sea, sin ninguna duda -¿un hombre que no leyó sobre el triste príncipe de los daneses?- Impotencia sexual para mujer, tener novio o marido -pinta tiene de que todo sea lo mismo-. No importa la edad. Personas mayores también.

El maestro Gassama, qué gran hombre, me ha puesto de buen humor. Como dijo Chéjov de Tolstoi, no tengo que preocuparme de nada, porque todo lo que yo deje sin hacer lo hará Gassama por mí. Me consuela, detenido como estoy ante el reflejo de mi propia incapacidad en las cristaleras de una cafetería. Entonces decido por hoy dejar de trabajar, me acuerdo de una cita de Handke en La tarde de un escritor -A pesar de que no había sucedido nada extraordinario, él se sentía como si ese día ya hubiera vivido lo suficiente y tuviera asegurado el mañana-, lo que deje sin hacer Gassama puede resolverlo, por mí y por lo otros, porque en su publicidad pone etc, y luego …….. -no he omitido ningún punto suspensivo-; pido un té, hojeo el periódico de ayer, regreso al despacho. Mis compañeros me hablan de varias cosas pendientes pero no les presto atención, Me voy, les digo. ¿Y eso? Tengo cosas que hacer. Me subo al coche y doy antes de salir varias vueltas por las plantas del garaje, me gusta ver cómo las luces se pierden y reaparecen tras la maraña de columnas blancas, y entonces salgo. Me voy a una librería, gasto dinero que podría haber entregado a Gassama, me meto en otro bar y pido una cerveza y unas bravas -estoy intentando probar todas las patatas bravas de todos los bares del mundo-, echo un rato allí con mis compras, vuelvo al coche, llego antes a la puerta del colegio y me siento en un banco a leer a Hannah Arendt hasta que suena el timbre. Mi hijo me arrolla al recogerlo, mi hija me pisa el pie con la dichosa mochila de ruedas. Al salir Miguel coge del suelo un tornillo viejo y cuando le digo que lo tire al suelo de nuevo -que lo devuelva a su hogar-, se niega, Tengo que guardarlo, me dice. Por qué, interrogo. Porque de mayor quiero ser fontanero, me dice cerrando un momento muy Sergio del Molino. Nada de ser futbolista, ni médico, ni el maestro Gassama: fontanero. Mi hijo tiene claras las cosas, no es como yo. Luego, ya en casa, respeto la costumbre que he fundado para el almuerzo de los viernes: siempre medio me emborracho. Comemos mientras me trago media botella o más -dependiendo de lo rápido que beba Teresa, porque con el alcohol vínico no respeto reglas ni hago prisioneros-, y luego cojo un libro y me hago hueco por la fuerza en el sofá superpoblado de niños y comienzo a leer hasta que me pesan los ojos y entonces dejo que el sueño me clave entre los cojines brevemente: abrazado al libro cerrado, como he hecho toda la vida cuando ya no podía más y cedía a la tentación de dormir. En el telediario han dicho que hoy es el Día Mundial del Sueño, y lo oigo e imagino que todo el mundo estará hoy dando vueltas a los suyos, cómo se han cumplido por suerte y por desgracia, gentes asomadas a todas las ventanas y a todas las barandillas del mundo pensando en sus sueños mientras sus ojos aflojan la tensión e incluso se humedecen: hombres vencidos por los sueños. Voy leyendo y voy cayendo, estoy con la biografía de Juan Marsé escrita por Josep María Cuenca, Mientras llega la felicidad: qué hermoso título. Sé que no pasaré de dos o tres líneas más, voy a doblar la esquina de la página para saber dónde estoy cuando despierte y veo que tengo a mi lado el papel del maestro Gassama y decido usarlo como marcador. Al doblarlo para que abulte entre las páginas veo que si quisiera visitarlo Gassama tiene su fábrica de milagros frente a un lugar que se llama Alucine, Alucine Park. Camino del sueño, abrazado, Mientras llega la felicidad.

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