¿Para qué soñar?

“Por primera vez tras la lectura de Crimen y castigo, duda absoluta acerca de mi vocación. Examino seriamente la posibilidad de renunciar. Siempre creí que la creación era un diálogo. ¿Pero con quién? ¿Con nuestra sociedad literaria, cuyo principio es la maldad mediocre, en que la ofensa ocupa el lugar del método crítico? ¿Con la sociedad a secas? Un pueblo que no nos lee, una clase burguesa que, durante el año, lee la prensa y dos libros de moda. En realidad, el creador, hoy, no puede ser más que un profeta solitario, habitado, comido por una creación desmesurada. ¿Soy yo ese creador? Así lo creí. Creí exactamente que podía serlo. Hoy lo dudo y siento la fuerte tentación de rechazar este esfuerzo incesante que me hace desdichado aun estando feliz, esta ascesis vacía, esta llamada que me tensa hacia no sé el qué. Haría teatro, escribiría al azar trabajos dramáticos, sin preocuparme, sería libre tal vez. ¿Qué me importa hacer un arte estimable u honesto? ¿Y soy acaso capaz de hacer aquello con que sueño? Si no soy capaz, ¿para qué soñar?”

Albert Camus. 8 de agosto de 1957.

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