Una auténtica historia verdadera

 

Entro en la librería. El nombre de la librería es un latinajo de contenido jurídico. Es, en parte, una librería jurídica. Pero no sólo eso: de lo contrario YO no entraría.

Deambulo. Miro, cojo, abro, huelo, leo, suelto. Me agacho y me levanto. Finalmente dos se quedan conmigo, una antología de Lêdo Ivo, y A mis mejores amigos no los he visto nunca, de Raymond Chandler. Me gusta Ivo, me gusta leer Mi reino es el exceso, ese rival incomparable del riesgo y la medida mientra aguardo la cola. Alguien acaba de pagar y avanzo un poco, y abro a Chandler, y leo una carta suya a Paul Brooks de mayo del 57, Una vez le dije a un abogado al que conozco muy bien que me parecía que si la Asociación de Abogados Estadounidenses declarase la guerra a los abogados maleantes, sin los cuales el crimen organizado no podría existir en este país, sería muy posible que los exterminasen en cuestión de meses. Esos tipos, y me refiero a los operadores realmente grandes, nunca dan un paso sin asesoramiento legal, y esos abogados son delincuentes porque aceptan dinero del delito y asisten a delincuentes. Bueno, el abogado amigo mío me miró con un aire confundido y cambió de conversación. Al parecer prefieren protegerse a sí mismos y entre ellos que al público. Sonrío, casi me río, por la mañana estuve en mi despacho y ya ha caído la tarde, y vengo ahora de dar clase en Derecho a quizás futuros abogados. Sonrío, leo de nuevo el título del libro de Chandler, pienso en Chandler y en Ivo y también en Cortázar y en Jaime Gil y en Cheever, en Pessoa, en Kafka, en Onetti y en tantos que me rodean: a mis mejores amigos no los he visto nunca. Pongo los libros sobre el mostrador, los intercambio por billetes, concluyo el negocio, me giro. Y le veo. Le sonrío o es un resto que no me he limpiado de las sonrisas anteriores. Es delgado, con barba, va dentro de un traje; podría estar frente a un espejo, podría ser yo. Le conozco, nos conocemos, inclinamos la cabeza para indicarlo y saludarnos, hemos sido compañeros de estudio, somos compañeros de profesión: es abogado. De inmediato mi vista cae hacia los libros que lleva para pagar, soy curioso, no soporto no saber qué leen otros o qué libros compran otros, estamos en una librería, el nombre de la librería es un latinajo de contenido jurídico, es, en parte, una librería jurídica, pero no sólo eso, de lo contrario YO no entraría, miro el primero de los que sostiene pegados al pecho de la americana gris marengo, una americana sobre camisa oxford celeste y corbata burdeos, no se puede ser más abogado, pienso, la portada es negra, manchada con otros colores también de tono oscuro. Y el título, de veras, te lo juro, no me lo estoy inventando, cómo iba yo a inventar algo así, el título es Lucifer.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Paseos y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s