Pyme

Un escritor de cuentos ha decidido abrir negocio propio. No es, como pudiera pensarse a primera lectura de la frase anterior, una librería, de nuevo o de viejo igual da porque a veces uno tiene la sensación de que todo lo escrito fuese ya viejo. No es una editorial minúscula en la que publicar títulos afortunadamente perdidos de autores consagrados o noveles autores vanguardistas de anticuario. No es una empresa de dinamización cultural ni una consultoría cultural -que por el nombre deben ser seguro actividades si no ilegales cuanto menos alegales y desde luego notablemente absurdas -. Y no es una bar, actividad  esencialmente literaria, por poética, teatral y narrativa, lo que valoró pero desechó por temor a que la caducidad de algunos ingredientes básicos pudiese afectar a sus creaciones -tapas o raciones, y sus traslaciones literarias-. Lo que finalmente da de alta en el Impuesto de Actividades Económicas es una empresa de decoración literaria. Si alguien, si casi una sociedad entera, puede confundir la obra con el libro, la biblioteca con la librería, el aforismo con el chiste, el tamaño de la memoria del lector electrónico con la sed de conocimiento, se dice, por qué no ir más allá. Y así el escritor de cuentos, que a pocos días de la apertura y dado el éxito ha ampliado la carta de servicios y ofrece ya novelas-río, poemas en prosa, sonetos con serventesios, epigramas votivos, visita las casas de los encargantes, habla con ellos, analiza sus necesidades, y produce después, a velocidad de multinacional deslocalizada y previo abono del cincuenta por ciento a la realización del encargo y de un veinticinco a la presentación de las muestras de las solapas, incluso toda una biblioteca equivalente a una vida de lecturas en ocasión del mayor de los contratos cerrados hasta la fecha de la escritura de este cuento, una biblioteca que diga algo o más bien todo de sus dueños, de quiénes son y qué pretenden y hacia dónde se conducen, que ordena sus lecturas por el aparente sentido de sus vidas y no al revés, que venía siendo nefasto efecto habitual de la literatura en los lectores. Anula por así decirlo el libre albedrío lector esta pequeña y pronto mediana empresa y quién sabe mañana, es cierto, pero a quién le importa si cada una de esas creaciones hace juego siempre con los visillos y las cortinas y la mesa baja del salón pequeño e incluso con algunos vestidos de cóctel de la anfitriona.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ¿Microqué?. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s