La pesadilla

                                                                                                                                                                      

Soñé que paseaba con mi madre. Iba de su mano por una alameda perfumada, florida y veteada de rayos de sol crepusculares. Ella me miraba y me sonreía de modo dulce y sus largos dedos nacarados acariciaban, tenues, gaseosos, mi piel infantil. Mi rostro, en cambio, reflejaba un profundo pánico.

Me desperté entre sudores, sobresaltado. ¿Por qué aquel horror ante un sueño tan hermoso? Entonces, ya calmado, recordé que era huérfano. Cualquiera sabe quién era aquella mujer, adónde me llevaría.

 

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Una respuesta a La pesadilla

  1. Marili Compán dijo:

    Ya lo dice el refrán: lo bueno,si breve, dos veces bueno. Y tú, cada día, con tu brevedad, te superas.

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