Sin cita previa

-¿Bueno, y a usted qué le pasa?

(Los médicos del seguro tienen siempre ese punto impertinente y amenazador, amedrentándote como para que no enfermes más, o cuanto menos no de gravedad)

– Es que he escrito un libro de cuentos, que se llama Las esperas.

-Vaya, pues mal empezamos, ¿por qué no escribió usted una novela, hombre de dios?

– Yo qué sé, como Borges dice que una literatura puede existir sin novelas, pero no sin cuentos…

-Y ese Borges quién es, un médico privado? Porque aquí no damos recetas de médicos privados, ya lo sabe usted.

– No, no, si de lo ser borgeano ya me curé hace tiempo. Lo que me pasa es que los personajes se me han ido instalando en la extrañeza de lo cotidiano.

– ¿Le pasa siempre o sólo por las mañanas?

-No, no, siempre, en los once cuentos del libro. Pero ya ando preocupado, fíjese, mire lo que dice el narrador de No te reconozco, el último de los cuentos: “Lo inevitable acaba por cercarnos y lo mejor es abrirle los brazos, aceptar que hay épocas en la vida en que nos instalamos en la extrañeza, como otras en el dolor, en las alegrías reiteradas, en las pérdidas de seres queridos, o de objetos de valor, o en la pasión por un deporte. Que desconozcamos la frecuencia o el orden de los acontecimientos no evita que estos sucedan, y que sucedan no es siempre anuncio de catástrofe.”

– Jesús, pues sí que está mal la cosa. A ese le va a dar usted Lexatín 1,5, tres al día, durante quince días, y luego me lo trae otra vez. ¿Y el resto?

– Pues no mucho mejor, me parece. A todos los personajes les duele la pérdida a veces más de la cuenta…

– Nulcerín 3, una por las mañanas, qué más

-… y se me ponen introspectivos, y a ratos líricos, …

– mientras sea a ratos, eso es normal, hombre

– … y venga a describir sentimientos, doctor, y vértigo, y delirio, y mise en abisme

– eso lo han pillado en Francia, ¿alguno ha estado en Francia?

– … en este libro, no, pero muchos de ellos sueñan con caracoles

– pues de eso va a ser, de los caracoles, nada de caracoles, eh, que son malísimos. ¿De humor como andamos?

– Eso yo creo que bien, como todos los grandes libros que he leído poseen ese humor, yo he querido salvar el mío, intentarlo al menos, con ese cordial. Así que a casi todos los narradores de los cuentos les va mucho el humor, pero muy descolorido, mucha ironía, mucho sarcasmo, un sentido del humor bastante destructor, creo.

– No va a ser destructor, hombre, ¿pero es que usted no sabe lo malo que es automedicarse? Les vamos a hacer unos análisis de orina a todos. ¿Y de atmósfera, qué?

– Hombre, yo intento siempre que las atmósferas de los cuentos sean personajes también. Y hasta los paisajes.

-Uy, vamos a ver, que me está usted liando: ¿pero usted qué escribe, cuentos fantásticos o cuentos realistas?

– A mí es que la realidad no me interesa mucho, sabe, me interesa más la verdad, como a Rosellini.

– Eso, usted siga yendo a médicos de pago, que así le va. Porque, como si lo viera, de personalidad estaremos fatal ¿no?

– Hombre, pues sí que en los últimos cuentos hay bastante de desdoblamiento del yo, es que claro, con tanta quiebra en la cotidianeidad, y tanta ilusión desesperanzada …; yo diría que a veces no es que los personajes pierdan la percepción del mundo, sino que el mundo es quien pierde la percepción de los personajes.

– Nada, no me cuente más (los médicos del seguro siempre se empeñan en que no se les cuente más, supongo que para no recetar mucho), le hago una analítica completa, y según lo que salga lo mando al especialista. A ver, ¿qué está leyendo ahora?

– Pues poca cosa, es que estoy recién casado.

– Ya, no me cuente, no me cuente. Pues, de momento, nada de fritos, ni de bebidas con gas, nada de té, y de picantes ni uno, eh, ni uno. Todos los libros de cuentos que tenga por casa me los tira, eh, nada de más cuentos.

– Pero…

– Ni un pero, hombre, ¿se quiere usted matar? Ande, ande, háganos un favor a todos, y para el siguiente libro me escribe usted una novela.

(Texto publicado en la Revista Leer, en 2000, tras la publicación de Las esperas.)

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Una respuesta a Sin cita previa

  1. jmlv dijo:

    Seguramente la sorpresa define a los buenos cuentos. Una circunstancia chocante, no por inverosímil, sino por inesperada, suscita un interés casi morboso por ver hasta dónde llegará la paradoja.
    Sin embargo, en algún momento se pierde el efecto humorístico y todo se vuelve rutinario, dentro de una extravagancia que acaba siendo tediosa.
    ¿La frontera, dice usted? Amigo mío, si yo lo supiera, Carver tendría en mí un digno competidor.

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