Un día escribí un poema -o algo así- (IV)

DE COMO EL POETA FUE POSEIDO POR EL FANTASMA CABREADO DEL CLASICO Y LA POSTERIOR ENMIENDA

Me despertó, si no recuerdo

mal,

el ajeno peso de unas lentes

negras,

y en el espejo

ridícula cara de idiota vi,

con gola al cuello

blanca,

los pelos muy raros,

gesto de rata y aliento

de dragón.

Y hallé,

en el geográfico y pintorreado centro de mi mesa,

un centón de poemas barrocos

y baratos,

que parecían haber salido de mi mano

o de ese culo de mono que tiene paco umbral.

Como es normal

me entró el canguelo,

miedo, temor, susto, sobresalto,

e hice lo recomendado

para estos casos:

aspirina efervescente,

vasito de leche caliente,

unos poemas de Comendador y Roger Wolfe,

y sobre todo a los cielos

la promesa

de no jugar más a invocar

las grandes almas que la muerte ausenta.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ¿Poesía? Pues porque tú lo dices y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s