Lexicografía and Chips

Tomo un té americano sentado frente a los ventanales de una cafetería de la Calle María Moliner. Todo ello es, claro, una metáfora: enlazo de ese modo esta entrada a la anterior. De modo que mientras apuro un sorbo imaginario pienso en María Moliner, y entonces recuerdo una conversación de hace unos días con Raquel Alarcón -me fascina su segundo apellido, Fanjul-, y recuerdo también algo que dijo de mí mi querido Guillermo Busutil en la prehistoria, que me dedico a robar vidas para escribir, de modo que creo que iré poco a poco convirtiendo a mis amigos en personajes. Levanto la taza y miro el fondo ocre del falso té simbólico, y pienso en esa conversación con Raquel que reitera otra anterior con la misma Raquel y otras más de las últimas semanas con distintas personas, porque yo soy así de obsesivo, y miro a la gente que cruza charlando la imaginada calle de María Moliner, que no conozco pero que debiera ser una calle con las fachadas en azul oscuro casi negro y gris blanquecino para que hiciesen juego con la portada del Diccionario de Uso del Español.

María Moliner redactó su Diccionario para que quien lo usase tuviese a mano todos los recursos del idioma para expresar una idea con la máxima precisión, resolviendo sus dudas sobre la legitimidad o ilegitimidad de su uso -cito del Prólogo-. Trabajó en él, casi sola, durante más de 15 años. Y pensando en ella me he acordado también de Julio Casares, Julio Casares no tiene calle por aquí -pero sí la Princesa Soraya-, y trabajó en su Diccionario Ideológico unos 25 años. La primera cosa que hice cuando junté un poco de dinero importante en mi vida fue comprarme el Casares, y con él en las manos bajaba yo Calle Casapalma sintiendo que había sucedido algo esencial en mi vida. Y recordando esa tarde me llegó el recuerdo de esas recientes conversaciones, y el regusto extraño que dejan las modas.

Yo me he puesto pantalones de campana, lo confieso. ¿Existen modas en el uso, o el mal uso, de la lengua? Creo ser más permeable a la ropa que a las perversiones léxicas -y eso que no hay nada que empobrezca tanto el estilo como la abogacía-, y desde hace unos meses hay un latiguillo que me atemoriza vaya donde vaya, que ignoro de dónde ha salido, un pantano lejano, el espacio exterior. Uno se duerme y su lugar lo toma una vaina lingüística extraterrestre, y al despertar no se descubre siendo uno enorme insecto, no: ojalá. Uno no es un insecto, es lo siguiente.

Tomo la definición del María Moliner: Siguiente (del lat. “sequens, -entis”) adj. y n. Se aplica al que o lo que sigue; que está o va inmediatamente después: “La página siguiente. El día siguiente. ¡Que pase el siguiente!”. Se emplea mucho para anunciar algo que se va a decir: “Nos contó la siguiente historia”. Consiguiente, subsecuente, subsiguiente. *Seguir. Casi igual en el Casares, pero sin ejemplos; ulterior, posterior.

Siendo así, ¿por qué un tío es feo no, lo siguiente, o malo no, lo siguiente, alguien está cansado no, lo siguiente, o tiene gripe no, lo siguiente? Intentaré ser benévolo; si uno piensa que a un estado sigue otro, lo siguiente a feo ¿sería feísimo, u horrible; horrendo, espantoso? ¿Lo siguiente a malo es peor, es malvado, es maligno? No me aclaro. Cuando uno esta cansado, cabe que después esté muy cansado, cansadísimo, exhausto, extenuado, derrengado, ¿muerto? ¿Existe muerto no, lo siguiente? Si uno cree que la muerte es el final, lo siguiente es ciencia ficción, pero si cree que la muerte no es el final -acabo de transformar esto en el Homenaje a los Caídos-, ¿qué coño es lo siguiente? ¿La resurrección, la transmigración? Y lo que es peor, ¿qué es lo siguiente a la gripe? Una neumonía podría serlo tanto como el beriberi, por lo que yo sé de enfermedades, que es mucho pues soy hipocondríaco confeso -y según las rachas, hasta convicto-. ¿Cabría la posibilidad de que estuviese yo cansado no, lo siguiente a lo siguiente, de escuchar tan absurda construcción?

A tomar viento el superlativo o los sinónimos: el español con tres palabras, no, lo siguiente. El Casares, esa belleza, vale unos 55 euros, un poco más que un jersey azul tinta y una camiseta en Zara -si supiese agregar enlaces me evitaría estos malabares para enlazar otras entradas del blog, en este caso la segunda; aunque no está mal tener manías, hay que distinguirse-. El María Moliner está gratis en Internet. Una cosa es decir fistro y otra muy distinta decir fistro no, lo siguiente; lo primero es una broma, pero lo segundo te lo dice un Doctor en Ciencias Políticas y se queda el tío tan tranquilo creyendo que si instaurasen el voto censitario a él lo incluían en el censo.

Como de algún modo hay que reactivar el país, y Amancio Ortega ya gana más dinero del que yo podría gastarme en libros, y hay que cuidar al mejor amigo del hombre, que es el librero, podría ponerse en marcha la campaña En cada casa un Casares. Uno se echa encima el Casares como el que lleva el aifoncinco, que no vive sin él, y cuando siente que desde el hipotálamo crece la sombra de la amenaza, respira hondo, cuenta hasta diez para no decir otra vez lo siguiente mientras con los dedos rebusca en la Parte Analógica, y suelta, cuando necesita por ejemplo justificar marcharse de una aburrida reunión -todas lo son- siento dejaros, me encuentro enormemente fatigado, mi extenuación me impide continuar. Sí, sé que lo otro es más corto, pero con eso parece que te hubiese poseído Dámaso Alonso y en seguida te conviertes en una leyenda de las reuniones. ¿Leyenda por pedante, por redicho, dices? Pues tal vez, pero tú mismo, chico, si tu idea era distinguirte dentro del rebaño, con lo del aifoncinco nada más la estás cagando de plano, que ni es cool ni nada llevar un teléfono que tiene cualquier peón de fontanero o inmigrante ilegal, y esas expresiones al alcance del peonaje son aún menos cool, querido, son la comida basura de la expresión oral.

Pero lo malo de estas modas es que, como la gripe, son enormemente contagiosas, y hay que pararlas como sea o se convierten en esa palabra tan bonita, pandemia. 55 euros es el precio de cualquier vacuna, y el Casares, o cualquier diccionario medio aquel, lo son. Porque como esto no se pare yo no sé donde vamos a acabar, uno echa a andar lo de fistro y en dos meses te lo dice cualquier cerdo ibérico en mitad de la Sierra de Aracena, o saca unos pantalones de campana en París y va el Zara y te hace las copias en seis colores y el Hacheyeme te hace las copias del Zara, y hasta yo me acabo poniendo otra vez las campanas. Es lo malo de la hipocondría, que lo acabo pillando todo, y yo soy hipocondríaco no, lo siguiente.

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4 respuestas a Lexicografía and Chips

  1. Jose M S Cervi dijo:

    Definitivamente… jen láska nás zachrání. … o lo siguiente.

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  2. Antonio González Martín dijo:

    Tú que además de leído, eres observador y además tienes una supermemoria-no-lo-siguiente, deberías de escribir el diccionario Navarro de términos basura que hemos ido consumiendo desde nuestra más tierna infancia. Algo que recoja desde el “te lo juro por snoopy”, pasando por el “pecador”, y que termine, o mejor que no termine y se pueda decir lo de “no, lo siguiente”.

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  3. Mª del Mar dijo:

    Quizás te guste leer este libro: El exilio interior. La biografía de María Moliner (de Inmaculada de la Fuente). Saludos!
    http://www.turnerlibros.com/Ent/Products/ProductDetail.aspx?ID=388

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  4. Paco Rubio dijo:

    Buenas Felipe, hay un tema que me gustaria comentar contigo y quemetocasoberanamentelostesticulos no, lo siguiente; estoy empezando a cansarme de la frase ” oye te he mandao un guazá y no me has contestao?? y lo has visto porque pone los 2 ok¡¡¡¡¡¡” es como si voy a tu casa, pego en el timbre y te digo que no me has abierto porque, aunque no estabas, el timbre ha sonado. AAAAARRRGGGGG Que casualidad que ahora que no tengo este sistema de mensajería, toooodo el mundo quiere hablar conmigo por aquí, coño si me quieres decir algo y es importante, llamame joder¡¡¡¡ Seguramente tu lo redactaras mejor bueno no, lo siguiente, un abrazo¡¡¡¡

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