EL FUTURO, HOMBRE, ES EL FUTURO!!

He omitido de modo deliberado los signos de exclamación al inicio del título. ¿Que por qué? Porque me da la gana; a ver si ahora voy a tener que dar cuenta yo de todo lo que hago. Que de hecho lo hago, dar cuenta, y siempre, y a todo el mundo: la prueba es esta nota. Pero entonces de qué va este párrafo. Hombre, de lo que va el resto, de la felicidad, falsa, leve, breve, como cuando tienes ciática y de pronto un ratillo deja de doler. Eso es el espacio entre final de título, !!, e inicio de párrafo, He omitido… y todo eso. Ese espacio en blanco es el lugar de los güotif -es una palabra que he creado yo al traducir fóneticamente el inglés-, de los cuentos, el lugar donde pueden producirse, donde se producen de hecho, las grandes revoluciones.

Una de las que están en marcha es la revolución de la edición, el libro eléctrónico, internet, los nuevos medios, todo eso, y donde quizás se inserta esto, el blog, los blogs. Cada mes o así alguien pregunta a alguien si los nuevos medios y herramientas digitales van a acercar más la literatura al lector -si se la acerca demasiado no va usted a ver bien, me dice mi oculista-, si ello permitirá que el autor gestione personalmente edición y venta y blibli, blublu, blabla.

A mí nadie me ha preguntado aún. Que no es que me dé coraje ni nada, vamos, que tampoco hay que preguntarme nada a mí, que ni en mi casa lo hacen; pero como lo preguntan tanto, en toda la prensa mundial y también en la que lee la gente, y como no siempre van a hacerlo a los mismos, que ya han contestado, pues seguro que algún día va a tocarme a mí, puro descarte, y entonces he decidido pronunciarme, más que nada por si el día que me toque responder me coge, qué se yo, con la mayor en el dentista, y no puedo esta tarde, hombre. De modo que finjo la pregunta, así muy formal, ¿Piensaustedquelosnuevosmediosdeediciónpermitiránunacambioenlarelaciónlectorautory éstepodrávendersusobrasdirectamenteyellosupondráunatransformacióndel negocioeditorialyblibliblublublabla?, y tras la pose de rigor, que en resumen consiste en mirar hacia arriba a la izquierda que no se sabe si piensas o miras la chuleta, y apretar los labios como para provocar una retención en el tráfico de palabras, voy y suelto mi respuesta:

Yo creo que la cosa no cambiará un carajo. Vamos, nada.

Y ahora es cuando tras encoger los hombros, levemente, la guardia civil de tráfico del pensamiento abre de nuevo el carril a la circulación, y ea, a correr argumento.

¿En qué consisten esos nuevos medios digitales? Básicamente, en tener ordenador, adsl, el guguel, y vamos que lo tiramos. Mejor que tengas güindous que mac, que en mac hay que pagarlo todo. ¿Y si esto va de literatura, no sería bueno que uno tuviese también algo escrito? Pues ya veremos; pero no corras, que en el párrafo anterior está la guardia civil: primero, y en dándole al botón de arranque, en minutos se conecta uno a internet, pone en el guguel las palabras mágicas, el chinillo chico de dentro te da las direcciones y hala, procesadores, maquetadores, conversores de formatos, esto pal amazon, lo otro pal barnes o la efnac, el de más allá pa la casadellibro. Le pones cajas de texto, le pones la foto de la abuela Mariquilla, o las del viaje a Irlanda, o copias más fotos del guguel y zas, ya tienes un libro. Y he escrito a propósito, como lo de los signos de exclamación, cajas de texto, pero no he escrito le pones texto, por algo que explicaré después. Me quedé en el zas, que es algo más que una mantequilla de un dorado chillón, zas, ya tienes un libro, eres un autor, y ahora le pones de precio 0,99 y ea, ya se lo pueden descargar las visitas en el kindel o el aipad o el papire o aonde sea. Con que dos te lo compren ya eres un autor con ventas, en plural.

 

¿Acerca esto la literatura al lector? Pues reitero el argumento de mi oculista, si te acercas demasiado el texto vas a ver peor si ya tienes la vista cansada. Escribí cajas de texto en vez de texto a secas porque escribir es a veces necesario para lo de ser escritor, pero no imprescindible. Dejaré de lado la reflexión sobre la literatura del No, que eso es para otro día. Si en el guguel pones Chejof, así, el guguel te dice, muy listillo él, Quizás quisiste decir Chejov -qué amable: no dice Idiota, no se escribe así, sino Quizás quisiste decir: condescendencia de unos y ceros-. Le das después de saber que no sabes a la tercera opción, la que no es anuncio, y clic clic clic, cham, ya tienes un cuento de Chejof en la pantalla, lo copias, le cambias los nombres rusos por pongamos Adolfo y Paz -la gente usa esos nombres en la “literatura”, cuando quiere hacer “literatura”-, y venga parriba, al internet dichoso, 0,99 -o gratis, esa palabra también mágica- y otro escritor tenemos.

Yo creo que los medios digitales acercarán la literatura al lector tanto como han acercado la construcción de bombas atómicas, el uso de fresadoras, la construcción de muebles de terraza, el transplante de órganos, la fabricación de biodiesel. Todo eso lo pone uno en guguel y el animalillo en un momento te cuenta cómo hacerlo, del mismo modo que los talleres literarios te cuentan cómo escribir La Guerra y la Paz. ¿Ha hecho ello que cada barrio tenga su propio Tolstoi? Más bien no. Abundo en el dato: a seis kilómetros de mi casa hay un Leroy Merlin, pero sigo viendo anuncios de carpinteros y fontaneros pegados en el cristal del portal. Los medios digitales son como el bricolaje de la literatura, un duityurself de bites y cachivaches, que sirve para los fines de semana comentarlo con los amigos, mira lo que me he hecho, una novelilla, y cómo vas a llamarla, En busca del tiempo perdido, y de qué va, de un francés que pierde un reloj en un puticlub de Benidorm, ostia qué bueno, dónde puedo comprarla, en el amazon, diles que vas de parte mía.

Como dice mi oculista -por tercera vez; la estoy haciendo famosa en este rato- no por mucho acercarte vas a ver mejor, y yo ya he leído este libro o he visto esta película: yo ya entré en una librería y vi a un Autor vendiendo sus propios libros, esos que se autoeditan, que se escribe y se imprime y se paga uno -vamos, las herramientas de autoedición, que también existían antes, que esto ya estaba inventado desde 1440, desde la imprenta, vamos -, que le pide uno el favor al librero, y deja unos ejemplares, que allí mueren de desamor, de abandono lector. El abuelo de un conocido mío se autoeditó una novela picaresca en los 60, y como era de familia de posibles la edición fue amplia y sus descendientes en los 90 aún usaban los ejemplares para la chimenea. Yo he ojeado y hojeado esos libros autoeditados, con una mezcla aún no definida en sus porcentajes entre curiosidad y lástima y admiración (por el gesto que supone no tener reparos en hacer visible el fracaso y la incapacidad a veces). Sin embargo, no vi aún a Tolstoi, al de mi barrio por lo menos. Yo voy a las librerías, que son mi casa, que son casas en las que uno se come algo que acaban de cocinar porque se fía de quien le tiende el tenedor con el trozo pinchado, y ese quien es el librero y es el editor, y es el crítico a veces -pero de la crítica hoy no toca-, y es el consejo de otro amigo de quien te fías, y por eso se lleva uno un libro, y no sólo porque sea gratis o casi gratis. Yo pongo este símil en el guguel y me salen tías encueros seguro.

No sé qué ventaja hay en hacerse uno un mueble mal hecho para la terraza, o en hacerse una bomba termonuclear que no valga ni para abrir un quinto de cerveza cuando explote, pudiendo encargar esa bomba a un profesional, al presidente de Irán, por ejemplo. Porque, ¿debe ver la luz todo, cualquier texto? ¿Existe un derecho de cuarta generación, el derecho a que todo lo que escriba un tipo cualquiera vea la luz, y para garantizar ese derecho se ha montado todo eso de los nuevos medios de edición digitales? Y si es así, y si se me cae la pintura de la habitación de los niños encima de una bolsa de ikea al revés y luego lo piso sin querer y luego lo mea el gato, ¿todo eso es una obra de arte y me lo pondrán sí o sí en el Thyssen junto a Kandinsky? Yo no creo en los cajones llenos al fondo de obras maestras; en el fondo de los cajones sólo quedan de valor botones de repuesto para chaquetas que ya ni tenemos. De que alguien no publique no tiene la culpa ni la editorial, ni el distribuidor, ni el librero, esas historias de obras maestras mil veces rechazadas son eso, historias, contadas con mejor o peor fortuna, peor como esos libros electrónicos que los nuevos medios digitales blibliblublublabla.

Lo único que acerca la literatura al lector es leer. Lo único que acerca al escritor a su lector es el trabajo, un océano de transpiración, una estela de inspiración tiñendo la superficie del agua. Yo, más que creer en los nuevos medios digitales, que lo único que permiten es abaratar costes -como cuando compras los tomates en la huerta en vez de en el super-, en lo que creo es en el tipo que cuando su familia ya duerme, en silencio dentro del silencio frío de la noche a la que tras cada rato se asoma para estirar la espalda, va tejiendo frase a frase una historia en la que en cada adjetivo le va la vida. Que cuando termina con eso, sea eso lo que sea, tras meses, años, de otro silencio, lo imprime y lo mete en un paquete y lo manda a la editorial donde ha leído libros que lo han atravesado de cabeza a hígado. Y luego espera. Trabaja, compra, cocina, baña niños, ve la tele, se asoma a la ventana en silencio en mitad del silencio frío, cuando sólo hay farolas y familias dormidas, se toma cervezas con los amigos, charla de bombas nucleares o biodiesel o fontanería. Y espera; un correo, una carta, una llamada. Que pueden llegar o no llegar, pero que si no llega sabe que quizás es que no debía llegar. Si todas las jirafas hubiesen llegado a las hojas ahora serían como chihuahuas y se llamarían chihuahuas -claro que entonces cómo llamaríamos a esos perros tan feos-. Sin filtros, sin un editor con su editorial que arroje a la papelera los caprichos del pariente de mi conocido y su novelita picaresca que sus herederos usan para avivar el fuego -al editor sí le irán bien los nuevos tralará esos, porque ahí se trata de abaratar costes – la literatura, lo que yo pienso y siento por literatura, no sería sino un estropicio de pantallazos en los que uno copia sin pudor alkenfolletoaladeljarripoteroalchejof, y que son almacenados en discos externos con las obras completas de estenosequienesbuenoyomelasbajoporsiacaso. Yo soy muy curioso y me leo las sinopsis de esos libros -¿sueñan con solapas los libros electrónicos?-, y los comentarios de sus “descargadores”, y veo que a nadie se le atraganta ni le avergüenza la mala copia, la falta de voz, de estilo, ni las faltas de ortografía siquiera; los nuevos medios digitales han convertido en la Espasa a las antiguas novelitas de quiosco. No hay nadie, porque nadie ha previsto que eso deba pasar, que llame a ese señor que escribe la historia de un francés que pierde un reloj en Benidorm y que titula En busca del tiempo perdido y que regala en la tienda kindel y le dice, Oiga, eso es una santa mierda, bórrelo de ahí. Menudo favor le hacen al mundo los nuevos medios digitales: más que acercar la literatura al lector lo que han hecho es acercar los contenedores de basura a las puertas de las casas. Hasta la basura la clasifican ya, pero sin embargo no se clasifica todo ese producto que es producto del progreso informático pero no producto del progreso lector.

¿Todo eso no podías decirlo más corto y con menos digresiones y menos chistes? Pues sí, para que voy a engañarte. Pero esta tarde no tenía dentista la niña, ni tampoco yo con quien tomarme una cerveza para charlar de esto, y después de ensamblar tres bombas atómicas con las instrucciones del guguel ya estoy aburrido de tanto atornillar y soldar. Y me he dicho, carajo, aprovecha los nuevos medios digitales que te acercan al lector y blibli blublu.

Blabla.

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Una respuesta a EL FUTURO, HOMBRE, ES EL FUTURO!!

  1. Mariola Naranjo dijo:

    Los q leéis en el kindel, ¿dónde dejáis esa huella digital (de dedo) de la maravillosa pastilla de chocolate, q derretiste a chupetones mientas leías, o la de la lagrima q cayó de sopetón en la hoja y la dejó curva? ¿y que hay de aquella cuenta de restaurante de hace 12 años, q te sirvió de marcapáginas y q ahora abres de nuevo el libro y te sirve para recordar aquella comida, y lo q ha subido todo desde entonces? ¿y cómo presumís de biblioteca ante los amigos? ¿Y esos ratos perdidos de reabrir libros, tocarlos, ordenarlos, olerlos y recordar…?

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